Maxi Lafuente

Maxi Taxi viene y va...

Estar arriba de un taxi no es para cualquiera. Pero hay una diferencia entre “ser tachero” y “conductor de taxi”. Y sé lo que están pensando: ¿cómo no me crucé antes con este tipo? ¡Amarían viajar conmigo!

No entiendo a los tacheros de raza. Tan machos, tan varoniles... circulando por la calle peor que Chano en un mal día, mientras escuchan el programa de Baby Etchecopar en la radio, tocan bocina y festejan cada vez que el locutor hace un comentario discriminador. Sin embargo, a la hora de sentarse al volante, todos -absolutamente todos- necesitan colocarse atrás ese asiento con bolitas. ¡Muchachos… así se empieza!

¡Odio a los tacheros! Y, desde que manejo un taxi, los odio más.

Quiero aclarar que no es lo mismo “ser tachero” que “manejar un taxi”. He aquí unos ejemplos que nos ayudarán a descifrar mejor este dilema.

En primer lugar, el tachero, al lado de la licencia del taxi, tiene colgado el título de Psicólogo, Meteorólogo, Politólogo, Opinólogo, Garchólogo y Pelotudólogo. Yo, al lado de la licencia, tengo un cartel que dice: "No distraiga al chofer cuando maneja". No le hablo a la gente. Y no me gusta que me hablen. Cuando sube “gente mayor” el truco es decirles “hola” y nada más. Les llegás a preguntar “cómo están” y cagaste:

-Mal, querido… Mal… Porque me caí y me rompí la cadera; me operaron y me agarré una infección. Para colmo mi marido no camina y no puede ir al baño solo, ahora hace caca en un balde, que es el mismo que se usa para lavar la ropa porque el lavarropas está descompuesto.

Y vos, mientras manejás y escuchás, vas pensando: “Un café de Starbucks y dos medialunas desperdiciados; esta señora ya me arruinó el desayuno”.

Pero le pongo onda igual y le digo:

 -Señora… ¿No quiere que vuelva, buscamos a su marido, y los llevo a los dos a la clínica de un amigo? Hoy hasta las 21 hs. hay 2x1… en eutanasias.

En segundo lugar, el tachero de raza es como el de la canción de Arjona: mina que sube, mina que se garcha. Yo, lo más cerca que estuve del sexo con una mina fue cuando me subió una embarazada a punto de dar a luz.

Recuerdo también una vez, cuando casi tuve sexo con un trava. Y digo casi, porque él quería y yo no. Pero él no entendía que yo no quería. Porque el trava tiene esas cosas (además de “esa cosa”) de querer pagar los viajes con sexo. ¡No todos! Está bien, no hay que generalizar. No todos los travas te quieren pagar el viaje con sexo. Los lindos, por ejemplo, prefieren usar dinero. Pero, el que me tocó a mí no era lindo. Tampoco era feo, era algo mucho peor que eso, era una especie de Chewbacca entangado.

-Papuuu, si te copas y me llevas hasta Palermo, puedo ser tuya.

Acto seguido, se corrió la tanga y…

-Disculpáme, ¿no tenés más chico?

Por eso, la vida de un tachero es muy diferente a la mía. Y sé lo que están pensando: ¿cómo no me crucé antes con este tipo en un taxi? ¡Amarían viajar conmigo! Y yo amaría viajar con ustedes… ¡siempre y cuando no me hablen!