DAMIÁN FERNÁNDEZ

Consejos para ir de camping

Las parrillas siempre están destruidas. Nunca encontrás una que tenga todos los fierritos sanos; y si los tiene, están todos doblados. Yo no sé si asan chorizos o cartuchos de dinamita.

Cuando vas de camping te podés olvidar el Off, las ojotas, hasta la tira de asado… Pero lo que nunca podés olvidarte es el Blacky Detector. Es una aplicación que te bajás al celular y te muestra si hay morochos cerca. Es como el Buscaminas: vos marcás dónde querés poner la carpa y el celular te dice cuántos morochos vas a tener alrededor. Generalmente, en invierno no superan el 5%. En cambio, en verano y con pileta, el camping se convierte en una reserva ecológica que alberga un sinfín de especies de morochos. A continuación describimos algunos de ellos:

- Morocho COTO. Es que el que acerca y te dice: “Eh… Ameo, yo te conozco” (porque te confunde con un miembro de su comunidad).

- Morocho Mad Max. Viaja solo por la ruta en un auto “hecho mierda” y con un perro (que también está “hecho mierda”).

- Morocho Botiquín. Siempre tiene alcohol y pastillas.

- Morocho murciélago. De día duerme y de noche sale a chupar y a hacer quilombo.

Y si no tenés el Blacky Detector (porque no lo descargaste o porque ya te afanaron el celular mientras dormías en la carpa), hay otra manera de reconocer a esta fauna. Lo único que tenés que hacer es alejarte de todo aquel que tenga elementos marca TOP HOUSE, se haga llamar El Brian y ande “de acá para allá” con una botella recortada de Manaos en la mano.

¿Por qué siempre tienen que “estar en cuero” y jugando a la pelota? Los miro y pienso: la única diferencia con un pabellón tumbero es que no llevan facas (a la vista); y que detrás de los arcos no hay policías observando lo que hacen.

¿Por qué será que cuanto más choto es el auto, más fuerte suena la música? Con lo que sale el equipo de audio se podrían ir todo el año a un all inclusive en San Clemente y aprovechar el pase full a Mundo Marino.

Otra cosa que no entiendo de los campings son las parrillas: siempre están destruidas. No encontrás una que tenga todos los fierritos; y si los tiene están todos doblados. Yo no sé si asan chorizos o cartuchos de dinamita.

Igual, lo que más me jode es el HDP que hace un pescado a la parrilla y se cree que es un genio de la cocina. Primero, el pescado a la parrilla es una mierda, siempre sale seco. Y, segundo, dejás un olor a concha en la parrilla que no lo sacás ni con Dermovagisil. El próximo que use esa parrilla va a pensar que, en vez de vacío, le vendieron vulveta de foca.

Ir al baño en un camping también es un problema. Tenés que hacer una expedición de 5 km, caminando bajo el sol, esquivando toda clase de obstáculos marca TOP HOUSE y, cuando finalmente llegás, no hay papel y tenés que volver (por el papel, el jabón y por un calzoncillo limpio).

Las duchas siempre son un desastre. Encima que tienen horario bancario (de 10 a 13 hs.), la que te toca nunca sale en forma de lluvia. Para ducharme con un chorro de mierda invito al Brian.

Párrafo aparte para la pileta del camping. Cuanto más grande es la pileta menos espacio tenés. Se llena tanto que parece un recital de El Indio del pogo que se arma con los flota-flota. Y, si la pileta es chica parece un mingitorio, porque se llena de pendejos. Igual el que más contamina el agua de la pileta es el viejo… Porque el niño solo se mea; pero el viejo se mea y también se descascara. A los 10 minutos de estar en contacto con el agua se orina, y a los 30 minutos ya se afloja como un pan lactal en remojo, se desgrana y deja toda la piel flotando.

Conclusión: los campings son como estar en un campo de refugiados… No sabés si son vacaciones para ciudadanos de segunda; o para gente que quiere saber cómo es vivir en Kenia, pero sin leones.